beat sterchi

De libros y fuegos

....
Libros, nada mas

                 Le encantan las historias de animales, dijo la madre. Antes de recomendarle algúm titulo, el librero observó atentamente al chico que llevaba de la mano.
EI librero era un hombre enjuto. Era calvo y en la nariz llevaba gafas con cristales redondos. EI librero llevaba siempre una corbata negra y en las mangas de su chaqueta tenía cosidas coderas de cuero.
El librero sostenía el libro vendido en su mano izquierda, plano y suave, como si fuera una camisa doblada y recién plachada. Envolvió el libro en papel marron, lo desenvolvió otra vez para quitar de un soplo el polvo que se habia acnulado arriba, entre las solapas.
No, volvió a tranquilizar a la madre, seguro que su hijo no es demasiado joven para esta historia. Y viendo la mirada de la madre, dijo: !Ah, sabe usted! Libros, nada mas. Acompano sus palabras con una sonrisa comno si pensara en algo muy lejano, en una hermosa isla o en una foca simpática del árctico.



Al lado del fuego

Mamá seguramente nunca ha visto el interior de un autobus, pero tú tambien vas en coche a la oficina aunque sabes lo
malsano que es, dijo el muchacho a su padre. Por la tarde habían ido callados por el valle de un monte, cada uno ocupado solo con su propio esfuerzo, con sus propios pensamientos. Ahora el muchacho hablaba. EI fuego en la chimenea ardía, iluminándole la cara con su brillo rojo. Y el padre escuchaba, eso lo sabia hacer, eso 10 quería hacer, tenia que ser ahora, por una vez. Cuando el muchacho se calló el padre dijo: Pero tú no vas a un instituto caro, a uno de los mejores de la ciudad, no estuviste de intercambio en América, no tienes ahora otra bicicleta nueva, esta vez una fabulosa bicicleta de montaña, no entiendo de que te estás quejando verdaderamente. Y en eso el muchacho echó otro trozo de leña al fuego.



El cazador entra en la naturaleza

EI monte es alto, la falda salvaje. Volviendo la mirada atrás a su Ford Fiesta, aparcado de lado al borde de la carretera, el cazador se dirige al limite mas extremo del mundo de hormigon y alquitran y grava aplanada. Se da un empujón, y ya mete su pie dentro del paisaje. Primero solo uno. Lo pone encima de una piedra en el talúd. La escopeta la coloca diagonalmente por encima de la rodilla. Siente la madera lisa, respira hondo, su pecho se arquea. Se cala su gorra de caza, cubriendose el frente arrugado. En el dispositivo de su chaleco impermeable de cazador brilla el latón de los cartuchos de perdigones. Y ahora el otro pie. El cazador coloca tambien este dentro, en medio del paisaje, en la selva, en la zona de los origenes, de los instintos y de la vida en general, porque cualquier cazador conoze bien la dimension arcaica de su quehacer. El cazador es el hombre dentro de la naturaleza. El cazador es el hombre. El cazador es el hombre asolas con las fuerzas elementales, expuesto a la severidad del tiempo, a los esfuerzos de la lucha con las ale¬vosías de la topografía, expuesto a la suerte y al peligro y a los estúpidos deportistas que practican footing y que con su correrías espantan a la última liebre. Pero el cazador de verdad no se deja irritar por nada, sigue adelante, cada vez más adentrándose en la naturaleza, se atreve a dar otro paso dificil. Los zapatos adecuados para este fin especial crujen, estan todavia casi nuevos, pero el cazador ésta contento, ! la suela -según el anuncio, con mucho agarre- agarra!


De vuelta a Zurich

Cuando, a pesar de haber buscado durante mucho tiempo, no encontro ningún sitio para aparcar en el casco antiguo de Berna, y como además todos los parkings subterraneos estaban ocupados, volvió a Zurich. En medio del tráfico que no se movía apenas, se enfadó primero por la presentación de la música en la radio, después también por las miradas
inoportunas de las caras petrificadas de los hombres a las que se veia expuesta. Con envidia pensó en la manera en la que su madre sabia indignarse con tanto estilo. ?Por que su madre se sabia enfadar de esta forma tan maravillosa? ?Eso no lo tolero!, solía gritar la señora mayor, enrojeciendo a la vez y pateando con los pies fuertemente en el suelo.
De vuelta a Zurich, recogio a su hija menor dei colegio, dejó el Range Rover rojo en el garaje y se fue a la cocina para preparar la comida. En la mesa habló de los hombres en la autopista. ?Imaginaos -dijo-, a pesar de la alta velocidad, no sólo están hablando constantemente por teléfono, muchos de ellos incluso sostienen un cigarillo con la otra mano! Casi enfadada, aparto el plato apenas tocado y dijo: Si eso sigue asi, una ya ni siquiera se divierte conduciendo.


¬

En el banco del parque al lado del lago

?Pero no llevaba la falda nueva? ?No era maravillosa? ?No hacia pliegues alrededor de sus muslos, de su cadera, como si estuviera hecha a medida para ella? En realidad era la oferta de primavera por 89 francos del catálogo de la casa de venta por correspondencia. Un conjunto de punto con botones dorados, de venta en dos colores: azul y blanco. Sólo después de dudar un buen rato y a pesar de sus intenciones de ahorrar, lo había pedido por
. fin en azul mediante el servicio de 24 horas, y solamente porque la modelo de la foto del catálogo le recordaba otra época. Una época en la que todavia había vagado casi a diario por toda la ciudad, con el abrigo desabrochado y acompañada de amigos y amigas.
Contenta por su compra, se sentó en un banco, arqueó la pierna derecha moviendola hacia si, apoyó su codo en la rodilla, sosteniendo, como lo habia hecho la modelo en la foto del
/ catálogo, el periódico doblado una vez por encima de sus ojos, y lanzó una mirada sobre el lago hacia los veleros. ?Era feliz? No lo sabia, pero no le costó ningún esfuerzo sonreír y olvidarse de que del mismo modo podría haber estado en este momento, aunque quizás con otra falda, en cualquier otro lugar.


La galerista

La galerista llevaba un jersey negro y un pantalón negro. Trabajaba detrás de un tabique blanco que separaba su lugar de escribir de la sala de exposiciones. La galerista estaba hablando por teléfono. Cuando colgó, descubrió a los dos hombres en la calle delante de la galeria. Reían y parecia que querían comunicarle algo a través del escaparate. La galerista se levantó y se acercó a la entrada. Abriendola oyó que los dos hombres sonrientes hablaban en español. Les saludó en inglés, añiadiendo que la galeria estaba abierta. Los dos hombres seguían riendo y señalaron los sombreros de fieltro y de paja de diferentes edades expuestos alli. Uno dijo en español: jUsted y sus artistas! Y el otro: ?Nos están tomando el pelo a todos nosotros! La galerista, que sólo entendió la risa alegre, les dió las gracias educadamente, saludó, cerró la puerta tras de si y volvió a su lugar de trabajo detrás del tabique blanco. El suelo crujía bajo sus pasos. Sus delgados pies blancos estaban metidos en zapatos negros.


1


< ‹bersicht