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Charla sobre:

"¿Cómo llegar a Chiva de Morella desde Suiza?"

Chiva de Morella, 18 de Agosto de 2017

  

Bueno, se dice, que este año vendrán aproximadamente 80 milliones de visitantes a España. Por consecuencia este verano vuestro pais será la región mas poblada de Europa. Pero como sabéis, las masas van a las playas y a las capitales, muchos vienen a Morella, pero muy pocos se pierden en los montes de esta comarca. Por eso es lógico que más de una vez me han preguntado aqui y tambien en Suiza:

¿Pero cómo has llegado a este pueblo tan pequeño que ni está situado en una carretera de verdad?

En la respuesta corta normalmente contesto, que es mi estrella, que me ha traido por aqui.

Tomando el riesgo de aburriros os doy una version un poco mas detallada. Antes tengo que admitir, que personalmente iba entonces, hace 33 años, por una etapa algo díficil. Se podria decir con una frase que he leido hace poco: Habia nubarrones en mi vida privada y no parecian dispersarse

Me iban tan mal las cosas, que pensé huir, largarme para restablecer un equilibrio. Gracias a Dios, profesionalmente me lo podía permitir. Como escritor estaba libre de irme a cualquier sitio y ademas me resultó fácil recibir encargos periodísticos bien pagados.

Con la transición y los cambios políticos en aquella época España era el pais mas interesante de Europa. Además tenía muchas ganas de descubrir España, que conocí solamente desde las indias, como se dice en America Latina, donde he vivido dos años en Honduras. Empecé alla a interesarme por vuestra historia, por la política y sobre todo por la literatura.

Y como he leido la famosa novela de Hemingway, me fui a Pamplona, pensando que resultaría bastante extraño no poder encontrar una manera de vivir en una ciudad tan famosa por sus fiestas y su hospitalidad. Pero era febrero y ya en la frontera con Valcarlos pasé por una niebla muy oscura y tensa y me acuerdo muy bien de unos guardias con esos tricornios que hasta entonces nunca había visto con mis propios ojos. Y en Pamplona pronto tuve la impresión, que no me estaban esperando los pamploneses ni las pamplonesas. Es una ciudad espléndida pero no se porque,  no me encontré para quedarme y despues de unos dias me fui a San Sebastian, donde me pasó lo mismo. Pensé que tal vez me debería ir más al sur, al sol y cogí la carretera hacia Zaragoza y llegué el mismo día a Alcaniz. Impresionado enormemente por el paisaje, me quedé unos días en un hotel, tomando notas de un mundo nuevo y revitalizando mis conocimientos del castellano, leyendo la prensa y escuchando a la gente en los bares.

 

Como me tenía en la cabeza esta idea de sol y mar, me fui de Alcaniz en dirección sur, atraversando esos campos abiertos, áridos y vacios del Bajo Aragon y de la Tierra Alta me sentí como en una película del oeste. Me asombraron las paredes de piedra seca, los cerros y los picos, los bosques y las viñas. Había muy poco tráfico, iba muy despacio, observando tierra y cielo, acordándome de un libro de George Orwell en el cual describía la batalla del Ebro y de paso la  dureza de este terreno.

De repente me pregunté porque los árboles se habían vuelto blancos. Era nieve! Voy al sur y encuentro nieve! No cuadró con mis ideas! Pasé por el Priorato, la carretera de ahora aun no existía por supuesto, sin saber que unos años mas tarde eso sería uno de mis lugares preferidos de España y que lo visitaríamos cada verano.

Llegué al mar, en una  gigantesca urbanisación de edificios altos pero totalmente abandonada que se llamaba Salou y que me parecía tan absurdo que ni salí del coche hasta que en Cambrils encontré cerca del mar un restaurante abierto a donde comí como único cliente. No me dieron ganas de quedarme. Continué viajando por la costa, disfrutando de unas maravillosas vistas al mar y como hacía de noche pronto me paré en un hotel que se llamaba Hotel Biarritz cerca del muelle de cemento de San Carlos de la Rapita. En la habitación que me dieron hacía un frio alarmante y temiendo a la noche volví al coche a recoger una manta que llevaba conmigo por si acaso  y al cerrar la puerta de la habitación me fijé que casi toda la pared del pasillo de seis o ocho puertas temblaba. Pero no pensaba que este Hotel ya daba sus ultimos respiros. Hoy es una de las ruinas mas pintorescas en la nacional entre Vinaros a Tortosa.

 

 

 











En el comedor donde también hacía frio, pensé  peor que en el polo norte, estaban cenando unos albañiles alrededor  de una estufa de gas y cerca de la cocina estaba una señora pelando patatas que me hizo una señal con la mano para que me acercase. Sonrió y levantó el mantel de la mesa y debajo vi un plato grande con brasa. Mas tarde aprendí, que se llama brasero, muy común en todos los pueblos.

Ella me invito a sentarme a su lado. Como hice apuntes, puedo decirles que cené sardinas y patatas fritas sabrosas las dos y pensando en la noche tomé mucho vino de la casa sin hechar gaseosa que es una costumbre, con la cual aún no estaba familiarizado. Todo muy divertido pero me pregunté donde he llegado? No hay calefaciones en este pais?

Al dia siguiente, antes de mediodia me perdí totalmente en las afueras de Valencia, de repente me encontré en una calle enorme, larga y estrecha, frecuentada infernalmente por camiones, autobuses y coches, no se me ocurió otra cosa que buscar una salida, de huir de aquel ruido horrendo y sin saber como, llegué a Cullera. Con una entrada inolvidable! Casas grandes de muchos pisos, todos edificios muy altos, calles polvorientas, grises con alguna bolsa de plástico hinchada volando por las aceras y a la punta un trozo de playa, la orilla azúl del mar y ni un gato a la vista! No se veía nada mas que la furgoneta de un fontanero. Parecía otra película. Que buscaba yo? Un balneario? Una clinica? Un retiro? No lo sabía muy bien, pero seguramente no una ciudad de aspecto gris y americana y totalmente vacia como abandonada en Marte!

Me fuí sin parar hasta Denia, que era de mejor aspecto, incluso descubrí una agencia inmobiliaria abierta. Alla hablé con un empleado joven, listo y competente quien me aconsejo de acercarme a un sitio no muy lejos que describió como una estación turística con un clima especial y por consecuencia con movimiento y vida durante todo el año. Me escribió el nombre, que jamás había oido antes, en un papel: Benidorm!

Lo que no me dijo era, que la gente que iba allí en Febrero era sobre todo de la tercera edad que pasa sus dias haciendo ejercicios de gimnasia en la playa. Aún así alquilé un apartamento con vista al mar y todo para poder trabajar en una mesa. No estaba mal, no hacía frio, tampoco nevaba pero me dí cuenta, que acabar en una ciudad turística con rascacielos y ya entonces de aspecto nuevayorkino, más grande que Berna,  no podía ser el fin de mi búsqueda. Me dije que tengo que animarme, que hay que mobilizar fuerzas y volver a Valencia que al menos era una ciudad de verdad con cultura e historia y gente de mi edad.

Primero acabé en el Hotel Roma, que tenía las ventajas de encontrarse casi en la Plaza del Ayuntamento y de ser de muy buen precio. Después de un dia lo bauticé El Peor Hotel del Mundo! Al lado de mi habitación que era de paredes de carton, había una tele que iba a toda castaña – creo se dice asi – casi día y noche y la gente era de ademanes ruidosos con voces inutilmente fuertes. Leer o trabajar absolutamente imposible! Dormir poco! Era la habitacion 126. Lo sé, porque me llevé la llave conmigo para no olividarlo ni perdonarles nunca en la vida el gran jaleo que montaron continuamente.



 















Los apartamentos que ví y que podría permitirme de alquilar tenían el mismo defecto. Ruido por arriba, ruido por abajo, ruido al lado. Bares, perros, discotecas, tráfico. Un piso que me dejaron ver estaba en aquella avenida que me asustó tanto unos dias antes. Se llamaba  Avenida Cardenal Benlloch y entonces cada zanahoria y cada tomate murciano o andaluz que se comía en Europa fue transportado en camiones de la marca  Pegaso viejisimos, por esta avenida Cardenal Benlloch y los camiones que pasaban en filas interminables arrastraban nubes de humo negras y malolientes como lo había visto antes solamente en paises del tercer mundo.

Del Peor Hotel del Mundo me trasladé al puerto, directamente a la playa y al lado del famoso La Pepica - que era entonces el único restaurante de la docena que hay ahora - pensando que alla encontraría paz y silencio. Resultó que al lado mismo del hotel habia un perro encerrado y ladrando todo el día.

Ya bastante desesperado, volví a ver con mi ojo interior aquellos paisajes abandonados pero silenciosos del Bajo Aragón y de la Tierra Alta además me acordé de un artículo de prensa que hablaba de centros religiosos, monasterios y santuarios que acogían huéspedes buscando tranquilidad y reposo.

Entonces recogí mis bártulos otra vez y adios Valencia rumbo a Alcaniz!

Era lunes y hacía tanta niebla que una vez pasado por  Castellón subí a la sierra sin enterarme mucho de los campos, ni de los olivares espectaculares. Otra vez el tráfico se escasó, me crucé con algún campesino con una burra y un carro pero ya subiendo por las curvas de Vallivana me entró el sentimiento de estar en buen camino. En el estado mental que me encontraba era eso que me faltaba: Carreteras sin tráfico, niebla, naturaleza, el vacio.

Y después de muchos kilometros y muchas horas conduciendo me paré para tomar café en un pueblo desconocido pero bastante grande. Dejé el coche cerca de un hotel que se llamaba El Cid – un nombre que me gustó por ser literario – y subí por unas escaleras de piedra. Y cuando me fijé que bien arreglado, bonito y tranquilo y firme estaba este sitio, pensé que ahora si que había  llegado, que por fin había encontrado el sitio para quedarme. Y eso, sin saber el nombre y sin haber visto, a causa de la niebla el aspecto extraordinario de este pueblo con murallas y castillo que es uno de los más bonitos de España.  Y cuando ví la plaza de los Estudios con todos esos balcones y todas esas ventanas cerradas estuve seguro que estas casas estarían vacias y que me costaría poco, encontrar un apartamento conveniente con luz, con vista, con tranquilidad. Y eso en un pueblo lindo apartado del mundo con su propia marcha, con gente amable, que seguramente me iba a inspirar infinitamente.

Bueno, los pisos para alquiler no estaban en la Plaza de los Estudios, más bien en callejones oscuros y estrechos y para decir la verdad, más de uno que ví eran verdaderamente impresentables e inhabitables. Otro desastre! Pregunté a todos en todos los sitios, iba de arriba abajo. Nada! Nada! Alguien me dijo algo de una señora de un bar que solía tener pisos, pero esta  señora era difícil de encontrar y aparte de esto, nada.
Ocurrió que me pararon en la calle preguntando: Es usted el señor que está buscando un piso para alquilar? Y cuando dije que si, ya pensando que por fin me tocó la suerte, dijeron: Lástima, lo sentimos, pero nosotros tampoco tenemos.
Y cuando fuí a visitar el castillo hablé con alguien que parecía ser de la iglesia y le pregunté por eso de los sitios religiosos que admiten huéspedes y me aconsejó de ir a la Balma, que todos conoceis pero yo entonces me fuí a ver, pensando en un monasterio majestuoso con claustro, jardines, con monjes vestidos con sus hábitos paseando lentamente alrededor de una fuente en una paz celestial. Tambien soñé con celdas como cuartos pequeños con una buena mesa y arreglados como habitaciones en un parador de al menos cuatro estrellas.
En la Balma había tranquilidad eso sí, también había habitaciones para alquilar. Exactamente dos. Pero en lugar de puertas llevaban cortinas, porque no eran más que alcobas talladas directamente en la roca. Eran cuevas de verdad.

De vuelta a Morella traté una vez más de encontrar a la señora del bar. Era el bar Péré, aún estaba aquel mostrador extraordinario de marfil blanco y la señora que ahora si estaba, serían las cinco de la tarde, era por supuesto Asunción.
Cuando me dijo que ella tampoco tenía un piso para alquilar perdí mis últimas esperanzas y bebiendo cerveza sentado en la última silla en aquel mostrador con dos curvas, tenía que decidir algo, tenía que emprender el próximo paso. 

Pedí otra cerveza y después de un rato se acercó Asunción otra vez y me dijo: "Piso no tengo, pero tengo una casa vieja en un pueblo pequeño. No le gustará, pero si quiere, puede venir a verla el viernes." Era miércoles, el tercer día en Morella. El jueves irían de viaje a Barcelona, invitados por cervezas Damm, el viernes me enseñaría la casa.
Pregunté por el nombre del pueblo, me fui al coche y vine por primera vez aquí. Ya anochecia, pero ví, que el reloj de la iglesia estaba parado, ví que el pueblo era absolutamente encantador. No había ningún coche a la vista y aparqué en la plaza. Al salir del coche, se abrió una puerta en una casa muy cerca y se presentó un señor mayor con boina, sonriendo, saludando y preguntando con las manos en los pantalones si podría ayudar en algo. 
Le pregunté por la casa de la señora del bar, él me la enseñó y yo ya sabia que iba a alquilarla sin conocer el precio y sin haberla visto por dentro.

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Objecto de Ursus Wehrli 



PONER ORDEN


Bueno, !ahora vamos a poner un poco de orden aquí! A partir de ahora la ropa a la silla, los zapatos delante de la puerta y todos los juguetes al baúl!. A partir de ahora los libros ilustrados a la estantería, la ropa sucia a la lavadora, la chaqueta al armario, los vasos a la cocina, los platos al fregadero y el sombrero al perchero. A partir de ahora las muñecas a su cesta, la escoba al rincón, las manos en la mesa, la camisa dentro de los pantalones, la basura a la bolsa y la bolsa delante de la casa. A partir de ahora las bicicletas también al sótano, el perro atado a la cadena, el coche al garaje. Las hojas caídas al compostaje, las botellas vacías al reciclaje. !Ahora vamos a poner un poco de orden! Ahora cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. A partir de ahora las plantas y los árboles tendrán agua, los gatos vagabundos nuevos amos, los sin techo un piso, los exiliados una patria. A partir de ahora los soldados vuelven a casa. A partir de ahora los analfabetos van a clase, los hambrientos a la cocina, los enfermos a cuidados intensivos. Los débiles al club deportivo, los gordos a trabajar. A partir de ahora los sensatos al poder. Los necesitados a casa del ministro de hacienda, los fanfarrones a tierra, los perezosos al aire libre, a partir de ahora los estafadores ante los tribunales, los zánganos a sus obligaciones, los deslumbradores a la oscuridad y los que están en la sombra a la luz.                   Texto: Beat Sterchi


Adolf Dietrich (1877 – 1957). Balbo, en el campo. 1955 Olio en Pavatex ©Kunstmuseum Thurgau






















„Si“, díjo él, “es un perro joven.”
“?Es el perro de usted?”
“Sí, es mi perro.”
“Un perro hermoso.“
Después se instaló otra vez el silencio en la escalera.